viernes, 11 de abril de 2008

Opio en las nubes


Sin duda alguna uno de los mejores libros que he leído, los personajes son cautivadores y te encierran en sus historias totalmente urbanos y con un contexto semejante al que vivimos. La idea de un gato hablándonos, contándonos, sobre Amarilla y Sven y su relación totalmente alejada de lo tradicional llena de alcohol y sexo es impresionantemente atractiva.

Las descripciones de algunos objetos o personas dentro de la obra a mi parecer no son excesivamente recargadas y por el contrario se utilizan comparaciones fáciles de imaginar como por ejemplo cuando Sven dice que la enfermera es parecida a aquellas enfermeras de las películas y la televisión y te dice que es bellísima y le encantaría salir con ella, me parece que sin necesidad de llenar dos o tres páginas describiendo meticulosamente cada una de las partes de esta bellísima enfermera te puedas crear la imagen de la enfermera en tu cabeza lo que me agrada mucho, también ser utilizan algunas otras imágenes que al ser receptadas se dibujan en mi mente permitiéndome disfrutar mucho más de la obra.

Me gusta mucho que los personajes viajen libres dentro de la obra es decir que no haya a cada momento una interrupción de lo esta sucediendo para introducir el diálogo de otro personaje y por el contrario puedan acoplarse mediante frases o acciones que van identificando a cada personaje. Los mismos capítulos de la obra se van entrelazando por hechos que se van aconteciendo los cuales interrelacionan toda la obra pese a la división por capítulos.

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Algunos artistas estadounidenses comenzaron a rebelarse contra el carácter rígido y teórico del expresionismo abstracto, de allí nació el Pop Art., los artistas pop acogieron imágenes de anuncios publicitarios de los medios de comunicación de masas, de películas, objetos cotidianos y de la cultura popular, aunque se considera un movimiento estadounidense, tuvo su origen en Londres, los artistas más sobresalientes del Pop Art estadounidense Andy Warhol, Jasper Johns, Robert Rauschenberg, Roy Lichtenstein, Tom Wesselmann y James Rosenquist.

El Pop Art esta influenciado por el hiperrealismo, que nace a finales de la década de 1960 fundada en los anuncios de neón, cafeterías y lugares públicos urbanos y suburbanos.

Pop Art retomó el camino de las vanguardias racionalistas. El Op Art utilizó diseños geométricos en blanco y negro o colores brillantes contrastados para crear ilusiones ópticas, con la posibilidad de que el presente cambie la apreciación de la obra con su propio movimiento.

En la década del 70, aparecieron otros estilos basados en la ruptura con los soportes tradicionales, especialmente los cuadros de taller y las esculturas, el arte rompe así sus limitaciones convencionales y se manifiesta en la naturaleza, la ciudad, el cuerpo humano, el mundo cotidiano, etc. el arte conceptual, por su parte, engloba múltiples realizaciones que tienen en común la supremacía de la idea del artista sobre la obra acabada.

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jueves, 10 de abril de 2008

Crímenes Perfectos (2)

Como siempre, nunca puede faltar el gringo. ¿Canadiense?... baa, da lo mismo. Kerouac es una mezcla única entre ilusión y desesperación. Kerouac es un sinónimo de jazz y de drogas y de alcohol. Es casi como escuchar a Thelonious Monk tocando la guitarra, el clarinete y la batería al mismo tiempo:

“En el baño cálido y en la salvación de sus muslos, anhelaba esas intimidades de los jóvenes amantes en la cama, altos, los ojos ante los ojos, el pecho contra el pecho desnudo, órgano contra órgano, rodilla que se aprieta contra la rodilla temblorosa y pecosa, cambiándose actos de amor y de existencia por el gusto de hacerlo. "Hacerlo", la gran expresión suya; me parece estar viendo sus dientecitos salientes entre los labios rojos, viendo " hacerlo", la clave del dolor sentada en un rincón, al lado de la ventana…”

“Los hombres son tan locos, desean la esencia: la mujer es la esencia, ahí la tienen directamente entre las manos, pero ellos se precipitan en todas direcciones erigiendo inmensas construcciones abstractas. (…) se precipitan en todas direcciones y entablan grandes guerras y consideran a las mujeres como premio, en vez de seres humanos; muy bien viejo, no se puede negar que yo estoy en medio de toda esa porquería pero te aseguro que no pienso participar en lo más mínimo.”

El gringo canadiense es, sin duda, más cinematográfico. En un principio parece reflexivo, pero entonces nos sale con alguna oración remontada sobre otra. El sujeto de reflexión se pierde, empieza la enumeración, la metáfora, el término rebelde, de nuevo una nueva reflexión… parecía Mishima, deliciosamente amanerado, y termina como, el lunático y desequilibrado, Bukowski, claro, sin ningún ordenamiento en particular. Kerouac es el oso que agita sus torpes y grandes manos sobre las teclas de marfil de un elegante piano alemán. Es una mera improvisación y espontaneidad acerca de distintos temas que aparecen de repente, en los cuales se me mantienen un hilo narrativo. Recarga imágenes, sobrevalora términos. Abreviando; es una patada a la escritura convencional, pero está bien escrito y eso es lo que cuenta.

Es curioso, los vanguardistas antes citados, mencionan indirectamente los raquitismos de sus sociedades; presentan críticas y sátiras mucho más crudas que las que presentan sus contemporáneos, que dedicados, en cambio, al realismo social, denuncian las “injusticias” de los sistemas de un modo tan directo que se torna, a más de somero, aburridor.

Finalmente, he escuchado el tradicional Concierto de Aranjuez de Rodrigo, interpretado por Pepe Romero, luego la versión “Jazzera” de Chick Corea de la misma pieza. Maravillosos. Asimismo leo una prosa “común”, por ejemplo Coetzee, y después leo retazos de Palacio. Soy sincero, no sé a cual prefiero; el original o el experimento. Concluyo, los dos me han encantado. Y pienso, los fragmentos son inútiles, estos escritores sólo escriben obras totales, tal vez fui yo el que perdió el tiempo.

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Crímenes Perfectos (1)

En las subsiguientes líneas pretendo mostrar brevemente las formas de experimentación del lenguaje, mostrando los estilos narrativos de tres escritores en particular: Miguel de Unamuno, Pablo Palacio y Jack Kerouac. Tiempos, lugares, personas, lenguajes, contextos… disímiles. Pero compañeros de una revolución, si es que el término (tan fastidioso y farolero) me es permitido, literaria. Ahora mismo recuerdo una frase; todo escritor debe realizar sus trabajos, pensando que los mismos van a constituirse como una obra maestra, como una innovación a las letras, de lo contrario, pierde su tiempo. Pienso que en esa frase se revela un cúmulo de anhelos vanguardistas, de experimentación, de novedad.

Y entre estas y aquellas nos es dado Unamuno, narrador, poeta y filósofo español perteneciente a la generación del 98:

“El amor precede al conocimiento, y este mata a aquel. Nihil volitum quin praecognitumv (Nada es deseado sin ser antes conocido), me enseñó el padre Zaramillo, pero yo he llegado a la conclusión contraria y es que nihil cognitum quin praevolitum (Nada es conocido sin antes ser deseado). Conocer es perdonar, dicen. No, perdonar es conocer. Primero el amor, el conocimiento después. Pero ¿cómo no vi que me daba mate al descubierto? Y para amar algo, ¿qué basta? ¡Vislumbrarlo! El vislumbre; he aquí la intuición amorosa, el vislumbre en la niebla. Luego viene el precisarse, la visión perfecta, el resolverse la niebla en gotas de agua o en granizo, o en nieve, o en piedra. La ciencia es una pedrea. ¡No, no, niebla, niebla! ¡Quién fuera águila para pasearse por los senos de las nubes! Y ver al sol a través de ellas, como lumbre nebulosa también.”

Frases que vuelan por mi mente, leo una, luego otra, finalmente llego a la palabra también, pensando, ¡carajo!, me ha dicho tanto en menos de diez líneas. Me ha comentado, por ejemplo, que ¡el hombre no es un ser racional, es un ser ilusionado!... Vuelvo a leerlo, ahora he reconocido, entre pregunta y respuesta, entre ramplonas exclamaciones y descabelladas afirmaciones, una carga titánica de angustia existencial. Y entre las metáforas finales…titubeo… incertidumbre…tal vez, sólo tal vez… es una pedrea, ¡Duda! Al tiempo que me muestra al hombre, no al físico sino al literario, de manera espiritual. Rompiendo las barreras de la razón (otro término herético) literaria. Describiendo los desordenados pensamientos, de un ser meramente pasional.

Salgamos de la nebulosa de Unamuno y enganchémonos vertiginosamente, con trajes cuadrados, chajs, caligramas, siamesas, en fin… al universo Palaciano:

“Tiempo.

La tomo por la cintura, la estrecho contra mí, la beso. Veo desmayar sus párpados y advierto su visión lánguida. Ana está sola conmigo y aquí en lo mío.

Ay, la corona de flores olorosas. Ay, niña, niña.

Conmigo… no, con otro. Yo he estado ahí con Ana. He sido un simple espectador. Lo he visto todo, aun yo mismo me he visto, y he reído a más no poder de todo porque eso era tan deliciosamente cómico, amiguito.

Bueno, ¿Y por qué me meto yo en estas ganzadas?

¡Oh!

Señor Jefe Político, a usted, carajo –como bien dice su señoría misma-, a usted, sí, señor, ¡carajo!, lo tienen allí solo para alcahuete.”

Con Palacio el asunto es diferente. Él me resulta placenteramente teatral. Es una crítica desgarradora, ridiculizante, a la sociedad. Él es el guión de un grupo de teatro, en el cual se mencionan todos los gritos del director, las caídas de los actores, los fallos de las luces, todos los chicles y bostezos de los espectadores. En comienzo, un hombre y una mujer que inocentemente se aman, y yo también veo como la actriz desmaya sus párpados y su libidinoso cuerpo en los tibios brazos de aquel sujeto de jocoso sombrero y terno. Luego los versos del sujeto enamorado, ay niña mía… un momento, algo extraño sucede, el sujeto no está enamorado, al contrario, está despechado… ¡Traición!, ¡Desencanto!, las luces de color violeta se atenúan, ¿Él mismo se ha visto?... ahhh… brumosas cortinas se cierran, entonces las sugerencias mentales me matan y miles de juicios a priori me invaden. Miro detrás del escenario, la obra continúa, mis conjeturas son herradas; Jefe, carajo, tienen, alcahuete, no estoy seguro si en realidad lo viví o tan solo lo soñé. De todas formas, estoy asombrado, luego pienso: HA SIDO TODO UNA VICIOSA BURLA.

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jueves, 3 de abril de 2008

Paris y Rosalinda: Desamores

"¿Y si es mío el amparo
de tu risa leve?
Ella aquieta mi herida:
todo, todo se olvida"
(Carlos Gardel)



Aquella noche él se había levantado de su habitación y se encontraba divagando, entre las gotas del diurno rocío que se formaría al parar el constante goteo que anunciaba el final de un largo aguacero: su ventana se había empañado.
Esa noche fue diferente. Nunca creyó que ese recuerdo tan bien guardado, pero muy difundido lo despertara. Talvez era una señal de preocupación o de aún no haber encontrado un porqué a su insomnio.
Creyó aparente escribirlo en su admonitorio, pero a la vez improvisado cuaderno, pero recordó que debería estar dirigido a un remitente acezante; escribió una carta.
Ese lunes se despertó contrariado pero satisfecho, su misiva estaba completa. El frío de aquella ciudad inundó los insulsos sentimientos de las personas, más Sebastián pensó, que él era diferente y no formaba parte de todos los hipodérmicos rostros grises envueltos en bufandas, que trataban de apaciguar el frío con guantes o paraguas sin darse cuenta que el clima no solamente hacía helado a los vidrios o cristales, sino también a sus corazones y a sus sentimientos.
Sospechó quizás, que la receptora de la misiva no estaría contagiada de ese estupor gélido que envolvía a aquellas «multitudes eclécticas de desconocidos que orbitan entre nosotros».
Camila apareció como un heraldo sórdido, sin comprender la nota que le fue entregada, ¿acaso aquel mensaje tallado en papel no era para ella?; talvez no existió una afinidad entre el mensaje final y la «comprensión individual femenina». Si así lo fuera el frío no se hubiera apoderado de su torso; las fontanas de sus ojos desearían haber goteado, o simplemente su pecho debió inmutarse a las crudas palabras que había recibido al leer.
El azar eligió a la receptora de su misiva, sin embargo ese frío execrable fue un boicoteador del bienestar de Sebastián, puesto que su dormir eventual dependería de la recalcitrante recepción de ese mensaje.
Él sintió que la mitad de la encomienda se había cumplido, pero reveló notoriamente que la misión fue demasiado lenta, parsimoniosa, porque no atrapó ni coincidió con el azar cometido de intentar, por lo menos, llamar la atención de Camila. Ahora la misiva no solamente consistía en un reclamo justificado de impaciencia alegre al llegar la noche, ahora no solo la carta estaba contagiada de la hipotermia gélida, sino también su apreciada receptora…
Una semana después tras los fútiles motivos que hicieron redactar una carta a Sebastián, volvió a despertarse en las mismas condiciones que aquella primera ilusión lo había animado. Sorprendido notó que no había nada que aludiera a un aguacero o a un rocío futuro, inclusive no hubo la señal de gotas: comprendió de una manera inconclusa que había soñado todo lo anterior. Se levantó y no era la habitación pasada, había ahí, una hamaca. No podía ese clima ser frío o gélido ya que era tórrido y febril, acertó estar en la playa. Se acercó a la ventana más próxima y miró aquel alba que solamente Neruda podría redactarlo en su “Canción desesperada”, suspiró entonces, y en su cuerpo el sueño se apoderó, aquel esclavo de Morfeo, lo agarró y lo echó sonriente en la hamaca…
Sebastián se levantó sudoroso pese al congelamiento que se desarrollaba en su habitación cuyas paredes eran color naranja, soñó que estaba en la playa, soñó que escribía una carta, soñó una secuela de sueños: soñó que soñaba.

Se levantó y recorrió la cortina del alféizar, al recorrerlo se cayó un sobre: era una carta o la copia de una de ésas. Leyó. Descubrió que tal vez la persona que invadía sus pensamientos en esos instantes tendría la traducción original a ésa, que era su letra, lo reconoció de inmediato ya que la carta estaba en italiano.
Proyectó, cual sombra con su índice, los nombres en la superficie empapada por el frío, enmohecido por las gotas de lluvia.
No quería que cese de llover para que perdure a la luz de la luna, aquellos nombres que había escrito en esa ventana, pensó también como se verían esos nombres escritos en la playa, en ésas arenas infinitas, tratando de esquivar a la profusa marea; pensó en esos dos nombres hasta que el anuncio del nuevo día (el sol y su relativo calor) y la alusión de la marea, los borraron no, de su esternón, pero sí de su vista.
Lo que había dibujado el índice derecho de ese hombre en la ventana, era un deseo desesperado de dejarse vencer por ésos, de formar parte de los de bufanda y rostros grises hipodérmicos. Sebastián se contagió del malicioso frío al escribir lo inevitable, en su empañada ventana: “Camila y Sebastián”…



AŋđŗΞ'Ş ζ¡$ŋΣřǿ§

(Gracias por los nombres: Wir konnen
sagen, basierend auf einer wahren
geschichte ...)



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