lunes, 26 de mayo de 2008

JC. Onetti


Novelista uruguayo, galardonado con el Premio Nacional de Literatura en 1963 y el Premio Cervantes en 1980. Además de escribir narrativa, ha contribuido con numerosas e interesantes obras a la crítica literaria. Onetti comenzó a escribir relativamente tarde y, después de publicar su primera novela, El pozo (1939), "cifra de toda su obra posterior", acudió a la Universidad en Buenos Aires y desempeñó gran cantidad de trabajos diferentes. Trabajó como periodista para la agencia Reuter y para otras organizaciones en Buenos Aires, y como director de las bibliotecas municipales de Montevideo. Cuando se instauró la dictadura militar en 1973 fue encarcelado. Este hecho transformó su vida, y a la salida de la cárcel se exilió en España, donde vivió hasta su muerte. El tema unificador de toda su obra es la corrupción de la sociedad, sus efectos sobre el individuo y las dificultades para encontrar una respuesta adecuada a ella. Dos grandes escritores, el mexicano Carlos Fuentes y el peruano Vargas Llosa, le consideran el iniciador de la novela contemporánea latinoamericana. En El pozo, el narrador queda efectivamente separado de su ambiente corrupto y predominantemente burocrático por una generalizada incapacidad de comunicación. Tierra de nadie (1942) presenta de nuevo el depresivo y pesimista retrato del paisaje urbano. La vida breve (1950) es su libro más famoso y el primero que el autor sitúa en la imaginaria ciudad de Santa María, donde la respuesta del protagonista a su presente consiste en imaginarse a sí mismo como otra persona. En El astillero (1960) regresa al tema del caos producido en Uruguay por una desmesurada burocracia, y Juntacadáveres (1964) trata de la prostitución y la pérdida de la inocencia. Estas dos últimas obras desarrollan el tema único de Onetti: el del hombre que persigue una ilusión a sabiendas de que lo es y que además es absurda. A Onetti se le considera el escritor de la angustia, con claras influencias de Dostoievski, Conrad, Faulkner e incluso Roberto Arlt. Su lenguaje es opaco, denso e indirecto. Con estos antecedentes crea un mundo propio con unos personajes que retoma una y otra vez siempre empeñados en proyectos sin sentido.

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Rock


El término rock and roll ha englobado desde siempre todos los géneros musicales que derivan de él al ser la única vertiente y término predominante. Pero posteriormente, debido a la creciente popularidad de muchos de esos géneros derivados, se ha creado un término que es puramente contemporáneo para englobarlos, con la misma función que venía cumpliendo el término rock and roll, y que se diferencia a partir de la contracción derivada de éste (rock): música rock. Por lo que rock and roll es el sinónimo histórico de música rock y todos los géneros englobados en música rock derivan de él de forma directa o indirecta.

De esta forma, el término rock deriva del término rock and roll, pero hoy día conserva dos significados según la Real Academia de la Lengua Española: un género musical característico y popularizado en los 50 y cada uno de los diversos géneros musicales derivados del rock and roll, que sería, por tanto, la definición del género contemporáneo música rock, y que ha cumplido anteriormente el término rock and roll. En la práctica, hoy día existen muchos artistas dentro de la música rock que, sin realizar ese género de los 50, denominan a su música "rock and roll" o se sienten identificados con el mismo.

Por otro lado, el diccionario de la lengua española en su vigésima segunda edición recoge el término rock and roll como voz inglesa a modo de anglicismo, sin embargo en el avance de la vigésima tercera edición el artículo ha sido enmendado tomando rocanrol como término en español derivado del inglés.

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lunes, 19 de mayo de 2008

Curtidor de Canela II


Llegaron a la conocida calle donde se encontraba el prestigioso colegio Sagrada Señora para señoritas, al cual atendían las señoritas de buenas familias. El gran portón de madera se abrió de manera oportuna dejando que Carla y el resto de niñas bajen. Por un momento Carla creyó ver un retazo de ese cuero negro al otro lado de la calle. Sus ojos desesperadamente buscaron por milésimas de segundo antes de que la vieja y humada puerta se cierre dejando unas astillas a su paso.

Carla salio lentamente de su última clase del día dejando atrás a Maria Clara con su profesora. Carla dejo que un largo respiro saliera de sus labios mientras recordaba los hirientes comentarios de la profesora mientras salía de la amarillenta clase pasando por uno de los pupitres dañados que habían sacado ya hace una semana de la clase. Cerró los ojos e imagino de nuevo aquella chaqueta de cuero, y ese olor a tabaco y café que inundaba su nariz.
Paso por delante de la oficina de la directora que al parecer tenia una importante reunión con uno de los padres de las pequeñas que no hacían su Primera Comunión aquel año. Al parecer, la directora no estaba dispuesta a tolerar que la niña estudiara para su transición hacia la madurez por aquel otro ritual religioso, pues no creía que esa ceremonia religiosa del viernes por la noche seguida por la elegante fiesta del sábado sea muy apropiado para la niña.


Con un último respiro dejó atrás la sofocante atmósfera del lugar mientras caminaba hacia el portón. Una de las profesoras pequeñas la alcanzó y le dijo que la maestra de Carla le había comentado sobre la relación de esta y que si no terminaba rápido con la misma, se verían obligadas a organizar una estricta reunión con la directora e incluso su Padre. Carla respiró y partió sin decir nada mientras el celador abría la puerta.

Allí, como siempre estaba, con su chaqueta de cuero negra, su cigarrillo y ese olor a café inigualable. Carla subió la mirada para ver los ojos verdes de Ángela devolviéndole la mirada mientras se ajustaba su falda marrón del vecino colegio de señoritas Academia Schouller. Con una sonrisa Ángela extendió su mano y el olor a café y a cigarrillo intoxico a Carla que devolviéndole la sonrisa tomó la mano que ella le ofrecía.

AŋđŗΞ'Ş ζ¡$ŋΣřǿ§*

(Gracias Vale, tú me comprendes...)

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Curtidor de Canela I


Otra vez, allí estaba aquel distintivo olor, una exótica mezcla entre shampoo de manzanilla, café y tabaco. Su chaqueta de cuero se ajustaba perfectamente a la forma de su cuerpo mientras sus labios inhalaban el olor de aquel cigarrillo matutino, el que siempre fumaba antes de llegar al colegio. Cerca del colegio, sonaban los diarios ruidos citadinos. El taladro que perpetuamente construía aquella esquina, acompañado de los constantes bocinazos de carros, cuyos dueños soñaban con el día en que los semáforos de la creciente ciudad de ajustaran a su trafico o que algún genio japonés por fin descubriera la formula para retar las leyes de Newton y consiguiera que los carros volaran. Finalmente, estaba allí el disgustante sonido de la alarma de una ambulancia que se apresuraba en la dirección en la que estaban.

Carla abrió y cerró sus ojos, la imagen de la gran ciudad desapareciendo rápidamente para ser reemplazada por el techo blanco de su cuarto. Con un largo suspiro Carla apagó su despertador mientras cerraba sus ojos, intentando contener los detalles de su sueño que se escapaban rápidamente de su cabeza, como agua escurriéndose entre sus dedos. Sus ojos miel se abrieron mientras miraba al pie de su cama. Sus complicadas curvas doradas tenían un aire barroco, y los padres de Carla no se habían cansado de repetirle cuan valiosa era ese mueble, el cual había existido desde los tiempos de su tátara abuela, la cual se supone que lo había traído todo desde su natal Inglaterra.
Lentamente sus ojos miel estudiaron el reflejo que mostraba el espejo que tenia en su baño estudiando el uniforme blanco y verde y sus dientes ligeramente beige recién cepillados. Su oscuro pelo caía en esos complicados rizos, que Carla tanto detestaba y que su made tanto admiraba, enmarcado su pálida cara. Carla miró de nuevo su falda escocesa y una irónica sonrisa apareció en su cara mientras descosía el dobladillo de la ya corta falda. Su profesora no tenía reparos en comentar el largo inapropiado de la falda de Carla, pero no era tan rápida en notar el largo de la falda de Maria Clara, su estudiante favorita.

Miro de nuevo su cuarto antes de salir al estrecho corredor que llegaba a la gran escalera de conducía a la planta baja. La cocina olía ligeramente a leche y a pan caliente. Las paredes blancas habían adquirido un tinte amarilloso y los muebles que había traído su tatara abuela traían recuerdos de mejores tiempos. Carla se sentó en una de las ruidosas sillas y las callosas manos de Maria le entregaron una taza de chocolate acompañada de un pan caliente. Carla sonrió y le dio las gracias, aprovechando que sus padres no estaban en aquel momento, entregándole los utensilios de comer en ese momento.

El bus pasó en ese momento y Carla se apretó su chaqueta blanca. La vieja puerta se cerró sonoramente delatando su falta de lubricante. El olor de varios productos higiénicos, perfumes y colonias se mezclaban ligeramente con el olor del sudor, lleno su nariz mientras llegaba a su asiento favorito en la cuarta fila. Sus ojos miel analizaron el autobús nuevamente. Un par de chicas dormían en la última fila mientras que otro trío compartía risas en la primera fila.
Sus ojos se tornaron a la ventana para ver como el autobús cruzaba la sexta avenida. Los sonidos del tráfico matutino le hicieron recordar su sueño, y una misteriosa sonrisa apareció en la cara de Carla.
AŋđŗΞ'Ş ζ¡$ŋΣřǿ§*
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sábado, 17 de mayo de 2008

Magia blanca


Arte de entretener mediante trucos que aparentemente suponen una violación de las leyes de la naturaleza. Para los trucos más difíciles el mago además de sus manos emplea diversos instrumentos. Los primeros magos de los que se tiene conocimiento son los del antiguo Egipto.
Los trucos de manos con monedas, dados y naipes introdujeron una mayor variedad en las actuaciones de los magos medievales.
El mago británico del siglo XIX John Henry Anderson, conocido como el Brujo del Norte, fue todo un maestro del arte publicitario.
Otro mago francés del siglo XIX que desarrolló técnicas muy originales fue Joseph Buatier, conocido como Buatier De Kolta. Su hermano menor, el mago estadounidense Alexander Herrmann, apodado Herrmann el Grande, y su sobrino Leon Herrmann, llevaron sus trucos por todo el país y viajaron también a otros lugares del mundo.
John Maskelyne y su socio, David Devant, los principales magos británicos de principios del siglo XX, ofrecían sus actuaciones en forma de pequeños actos teatrales. Su teatro de Londres era famoso en el mundo entero. El mago estadounidense Harry Kellar paseó por numerosos países su famoso espectáculo, en el que presentaban trucos de manos, ilusionismo y hazañas supuestamente realizadas por médiums. Kellar fue el mago más popular en Estados Unidos hasta que se retiró, en 1908. Su sucesor, el mago estadounidense Howard Thurston, actuó por todo el país durante 28 años. En su espectáculo mostraba trucos tan espectaculares como el coche fantasma, el truco de la soga india y la levitación. Unos meses después, Hyman Goldstein, conocido como Horace Goldin, realizó en Nueva York una variante aún más espectacular de este truco. Doug Henning, un mago canadiense, y el estadounidense David Kotkin, conocido como David Copperfield, desarrollaron una notable habilidad teatral actuando en películas, musicales y programas de televisión.


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